Elena Oliveras
Elena Oliveras

El arte: microutopías en la vida cotidiana

 “Si estás rodeado de una obra, no estás solo”, afirma la prestigiosa investigadora académica, quien propone una mirada innovadora del arte.

 “Si estás rodeado de una obra, no estás solo”, afirma la prestigiosa investigadora académica, quien propone una mirada innovadora del arte. ¿Cómo incorporarlo a nuestra vida cotidiana, buscando el bienestar?

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“Hay quienes piensan que el arte no es necesario para la vida. Pero es tan importante como comer, es un alimento. Deleuze y Guattari lo definen con precisión cuando dicen que quizás, en algún momento, se descubra que no hubo arte, sino medicina.” Así comienza Elena Oliveras, prestigiosa académica de gran trayectoria en Filosofía, Estética y Crítica del Arte, quien tuvo la amabilidad de recibirnos.

Con el honor de verla hojear algunos ejemplares de Aprender Salud como punto de partida, conversamos sobre las metáforas, las utopías, el amor y el optimismo. Temas vinculados al arte sobre el cual es experta, al punto de haber publicado libros que son referencia en esta materia y haber desarrollado el concepto de microutopías.

Los invitamos a recorrer esta cálida entrevista en la cual sobrevuelan ideas, autores, películas y obras que pueden ser también recursos para nuestro bienestar.

“El humor como un puente”, “afinando en el Hospital con la Camerata Bariloche”, “una bitácora para transitar la internación” son metáforas que usamos en estos años. Siendo experta de la metáfora, ¿cuál considerás que es su fuerza en la comunicación, el arte?
-La metáfora es una forma directa de tomar contacto con algo, sino necesitaríamos millones de palabras y no llegaríamos al meollo del asunto. Cuando Romeo le dice a Julieta que ella es el sol, ahí surge una imagen muy fuerte: él lo debe haber sentido y ella debió enamorarse por eso.

Entendemos que son esenciales para crear vínculos o explicar cuestiones difíciles, cuando las palabras “no alcanzan”. Por eso es común que surjan en medio del quehacer de la salud…
- Creo que es muy importante el uso de metáforas en el quehacer de la salud, como parte de la creatividad del médico. Más aún hoy, considerando que el lenguaje se está reduciendo muchísimo, por ejemplo con los emoticones. No es lo mismo decir “te quiero” desde el corazón, que mandar la imagen de un corazón adocenado en las redes. Hay una reducción enorme de la sensibilidad. La palabra montón, por ejemplo, que se usa -y… lamentablemente se me pudo escapar también- es de un reduccionismo enorme. Todo es hoy “un montón”,  pero no es lo mismo que mucho, muchísimo, infinito…

Nosotros buscamos aumentar las palabras de la vida cotidiana, los recursos para las personas, en un mundo donde parece que está todo dicho y solo somos consumidores, la institución busca producir sentido…
-El riesgo es usar las palabras sin afecto, como que están ahí, en una estantería. Y, en lugar de pensar una metáfora creativa, agarrar lo que está ahí. Creo esto afecta a la comunicación al anularse el verdadero contacto con el otro.
Si hoy yo le digo a alguien “sol de mi vida” es casi kitsch, de mal gusto, ya no soy Romeo. Tenemos entonces que activar la imaginación y crear nuevas metáforas. Wittgenstein decía “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Cuanto más palabras tenga para hablar del mundo, más lo veo.

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Hay amor en estas páginas” fue el gran elogio que nos hizo Elena, a quien le obsequiamos algunos ejemplares históricos de Aprender Salud.

¿Cómo hacemos para que sea más creativo el lenguaje, que surjan metáforas?
-Es algo que los niños tienen, ellos asocian por semejanza, algo que es propio de la metáfora. Y hemos perdido esa capacidad. Cada vez más, estamos más acelerados. Usamos lo que ya está porque es más rápido. Pero el lenguaje creativo va a la par de la desaceleración. 

 “Agamben dice que es tremendo que el ser humano, hoy, ya no juegue. Por otra parte, el juego está en la base del arte. Es una necesidad humana fundamental.”

¿Existen consignas que disparan el arte? ¿O es pura inspiración?
-Me acuerdo cuando mi hijo me contó que iba a hacer ingeniería en computación -hoy es músico- y se lo comenté al reconocido ingeniero e inventor Fernando von Reichenbach. Me dijo “lo más importante es que vea cine, que lea, que abra la imaginación”. El arte y la literatura abren la cabeza y esto es muy importante para cualquier tarea.

Por ejemplo, yo veo mucho cine, me encanta. Hay una película que se llama Perfect days, dirigida por Wim Wenders, y que se puede ver en Netflix. El protagonista, que limpia baños en Tokio, lo hace con amor. Y la película habla del amor y de la pasión. A él le tocó esa tarea y la realiza con amor. También se destaca su pasión por la lectura y la música. Por eso cuando maneja su auto para ir al trabajo, pone cassettes y “pasea” con música de los años ‘60. Para él no es un mero traslado diario aburrido sino un viaje fascinante. 

Otras películas que me impactaron fueron Vivir (1952) de Akira Kurosawa y Living (2022) de Oliver Hermanus. Ambas tratan de la búsqueda de sentido de la vida ante una enfermedad terminal y de cómo la idea de la muerte puede ser la ocasión de un cambio profundo. Vemos allí cómo se puede pasar de una existencia signada por la monotonía a una vida feliz y llena  de intereses.  Comprendemos la esencia del verdadero "vivir".
 

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Perfect days, de Win Wenders. Crédito: Netflix.

¿La pandemia también impulsó esto?
-La pandemia nos permitió tomar conciencia de que somos vulnerables, muy vulnerables. Yo empiezo mi libro (N. de la R.: Distopías y Microutopías, ver apartado al final) con una cita de Hölderlin, quien dice: “Dónde está el peligro está también lo que salva” porque, si todo estuviera resuelto, ya está. Estamos llenos de peligros pero también son la oportunidad de hacer algo.
El peligro nos mueve a encontrar la sanación. Es la oportunidad de encontrar nuestro camino. Un camino que nos lleve a la felicidad porque esa es una tendencia del ser humano. Entonces vamos a buscarla apuntando a una utopía. La utopía de algo muy humano: ser felices.

“Dónde está el peligro está también lo que salva” porque, si todo estuviera resuelto, ya está. Estamos llenos de peligros pero también son la oportunidad de hacer algo.

¿Qué significa esto que contás en tu libro, que hay optimismo en toda obra de arte?
-Nietzsche dice: “arte pesimista es una contradicción”. Porque, por más tremendo que sea lo que se muestre, como la guerra, por ejemplo, el artista se ubica desde una perspectiva que puede ver eso. Y al poder ver, puede actuar o llevar a otros a actuar; entonces, no puede ser pesimista. A mí me llama mucho la atención que dos grandes filósofos como Nietzsche y Heidegger afirmen que el lugar de la verdad no es la filosofía sino el arte.

El arte tiene mucho que ver con el amor, también. Se da allí algo similar a la idea de media naranja, como figura en El banquete de Platón. Es la imagen que nos dice que somos la mitad de algo. Y el arte, como en el amor, somos esa mitad que completa la obra. Si no la mirás, no existe. Aparece en el acto de la mirada del espectador.

¿Dónde está el arte hoy? ¿Dónde lo puede encontrar la gente?
-Lo fundamental es tener la experiencia, ver si una obra te conmueve, te llena el alma. De algún modo, te abrirá el pensamiento y la imaginación a través de los sentidos. Yo, cada vez que voy al Museo de Bellas Artes, no puedo dejar de pasar por una obra de Van Gogh que se llama El molino de la Galette. La veo y descubro algo nuevo, que no había visto antes.  Y aquí es importante lo que cada obra nos dice a cada uno de nosotros. “La obra habla para el que la quiera escuchar", dice Martin Heidegger. Entonces ¿qué te dice a vos?

 

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“La obra habla para el que la quiera escuchar", dice Martin Heidegger. Entonces ¿qué te dice a vos?. Le Moulin de la Galette, Vincent Van Gogh. Crédito: Museo Nacional de Bellas Artes.

¿Cómo es la experiencia hoy de ir al museo, reconocer a quien aprecia o al que fue para sacarse la foto?
-Sí, está el que pasa de largo también. Y el que saca la foto muchas veces se pierde la experiencia de la obra. Le importa más el pedacito que llevará en el celular, profanando así el aura de la obra.

No debemos perder de vista que hoy el arte cumple con una importantísima misión. Estamos en un mundo donde hay mucha gente sola; por eso el arte podría ser un antídoto contra la soledad. Es que el que está en verdadero contacto con el arte, no está solo. Porque también otros podrían estar comunicados con esa obra hoy, antes o después. Se construye así una suerte de efectiva comunidad virtual.

“Estamos en un tiempo donde hay mucha gente sola y el arte es como un antídoto contra la soledad, porque el que está en verdadero contacto con el arte, no está solo.”

¿Y en otro espacio, obras de arte en un Hospital?
-Sería muy interesante si pudieran poner obras, por ejemplo de Antonio Berni u otros artistas, que motivan a inventar relatos, tanto a niños como a adultos. Entonces cada visitante podría interpretarlas, hacer sus lecturas a partir de sentirse identificado. Habría que elegir bien las obras motivadoras.

Primeros pasos

Primeros Pasos, Antonio Berni. Crédito: Museo Nacional de Bellas Artes.

En el Hospital están el nacimiento, la vida, la muerte. Compartimos mucho…
-Pienso que se puede integrar perfectamente el arte a la salud tratando que no sea algo meramente decorativo sino algo que conduzca a la comunicación y a la reflexión dado que las obras de arte nos ponen a una distancia justa para ver nuestro mundo, del que es parte la vida y la muerte. En la medida en que podemos verlo, podemos cuestionarlo, no estar de acuerdo, querer cambiarlo, ser mejores y más felices.

“Me interesa que lo que yo escriba se entienda. Intento que mis textos sean un acceso al conocimiento, pero siempre recomiendo ir a las fuentes. Y si todavía sigo dando clases en la USAL y en otras universidades es porque aprendo” (...) Mis alumnos conforman una especie de “laboratorio” en el cual puedo medir la actualidad de las ideas que me interesan”.


Sobre Elena Oliveras

Dra. en Estética en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas (Universidad de París X), Francia,  Lic. en Filosofía, Facultad de Humanidades (Universidad Nacional del Nordeste), es docente y autora de numerosos libros como “La metáfora en el arte” y el más reciente “Distopías y microutopías. Prácticas de resistencia en el arte del siglo XXI”. Fue premiada y reconocida en todo el mundo.

 

Elena Oliveras

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Aprender Salud - Contenidos educativos para la comunidad - Marzo 2026