Aprender Salud
Detrás del skincare: El desafío de defender la infancia
Este fenómeno, que le vende productos cosméticos a niñas, pone sobre la mesa un tema más complejo: ¿qué modelos de crianza estamos dando?
Este fenómeno, que le vende productos cosméticos a niñas, pone sobre la mesa un tema más complejo: ¿qué modelos de crianza estamos dándole a las nuevas generaciones? ¿Cómo tomar un rol activo y acompañar mejor esta etapa?
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“Nosotras crecimos bajo la obsesión de estar delgada: estar flaca era sinónimo de belleza, de autoestima, de éxito. Hoy, los niños están creciendo bajo el paradigma del yo no opino sobre el cuerpo ajeno, que está buenísimo. Pero la presión estética migró a la búsqueda de la piel perfecta: ahora esa obsesión no se mide en calorías sino en pasos de skincare.”
Así comienza la Dra. Cecilia Martino, de la Sección Dermatología Infantil, Dpto. de Pediatría, a quien entrevistamos para conversar de un tema que -bajo un supuesto cuidado corporal- oculta un gran negocio y un modelo de consumo que impacta en la crianza.
Lo que se publicita: ¿Cuidados de la piel en niñas de 6, 8, 10 años?
“Estamos teniendo muchas consultas de niñas prepuberales, que vienen motivadas por la explosión de información que reciben de redes sociales o videitos de Tik-Tok. Y que, en nombre del autocuidado, promueven el uso prematuro de rutinas de skincare, que tiene aristas súper negativas”. ¿Cuáles son?
El efecto negativo tangible en su piel. “El uso directo de un producto innecesario o inadecuado en una piel inmadura, puede generar efectos locales indeseables como una reacción alérgica, dermatitis irritativa o reacción acneiforme (una dermatitis parecida al acné)”, señala.
El efecto negativo en su piel es lo más fácil y temprano de ver, pero lo grave es el trasfondo que tiene todo esto: ¿qué mensaje está detrás de estas rutinas?
Lo grave: un estándar inalcanzable, un modelo fallido. “Se promueve una piel sin acné, sin poros visibles, sin manchas, sin grasitud pero con glow. Como una piel pasada por un filtro de una red social, que es una piel irreal (a cualquier edad). Y sobre todo para exigírsela a una niña próxima a entrar en la pubertad, en donde fisiológicamente su piel va a tener más seborrea y acné”, destaca.
“Vienen nenas muy chiquitas y me traen los productos, son rutinas interminables, de varios pasos que no los hago ni yo! Son innecesarios y pueden ser dañinos.”
Una gran oportunidad de negocio. “De una industria cosmética muy fuerte que apunta hacia un grupo etario que tiene vulnerabilidades, inseguridades propias de la edad, insatisfacciones, anhelos de validación social… Y esa vulnerabilidad emocional la toman para tener una gran oportunidad de negocio en nombre del autocuidado.”
“Cuanto más inalcanzable es ese objetivo de tener una piel perfecta (que es un estándar irreal), más rentable va a ser mi negocio, más productos voy a hacer que me compren.”
El desafío de defender la infancia
“Bajo ese lema del autocuidado estamos dejando un mensaje que es tremendo: le estamos quitando tiempo de juego a esa niña, de un juego que puede ser productivo”, advierte la Dra. Martino. ¿Qué desafíos implica para la crianza en estos tiempos? Algunas preguntas para abrir el diálogo.
¿Una infancia cada vez más corta? “El tiempo de juego parece ser cada vez menor, cada vez se ven más atrapados por dispositivos digitales que los absorben y los llevan a un mundo totalmente paralelo, con los riesgos que conlleva, como el sedentarismo, aislamiento social, el consumo sin medida ni control, el ciberbullying”, comienza señalando.
“Uno puede tener la intención de retardar la entrega del celular a tu hijo preadolescente pero nos vemos empujados a que accedan antes porque el entorno pesa, su amiguito tiene, no se quieren quedar afuera… Es complejo y a todos nos pasa.”
¿Le sacamos tiempo de juego genuino? “No es lo mismo que una nena juegue con una mascarilla para representar un juego dramático: hacer que soy mi mamá y que un día me maquillo y me pongo sus aros, me cuido la cara. Eso es como jugar a ser maestra o a ser vendedora. Ahí hay imaginación, hay creatividad, se asumen roles, se improvisa. Acá hay una doctrina estética y lo que persigue es solamente tener la piel perfecta”, remarca.
¿Cómo ponemos los límites? “Quizás por como fueron nuestros papás con nosotros y como queremos ser nosotros con nuestros hijos es que pasamos a ser padres muy tibios, por así decirlo. Nos pasa con papás que perciben que esto del skincare es ilógico, pero necesitan que nosotros validemos esta postura en la consulta. Está bueno si podemos darle esta herramienta y ayudarlos a decidir pero ellos deben poner los límites.”
“Seguimos viendo a esos pacientes a lo largo de su adolescencia y terminamos viendo un montón de consecuencias muy dañinas de toda esa impronta, de toda esa exigencia estética.”
La crianza: consensuar y evitar prohibir. “Todo el tiempo mamá consensúa con papá porque no necesariamente los dos pensamos lo mismo. Y la idea no es prohibir por prohibir, tampoco eso es sostenible. ¿Hay un cumpleaños, una situación en la que nos juntamos y jugamos al spa? Bueno, pensemos qué productos podemos usar sin que me genere un daño. Distinto es que adoptes una rutina de skincare todas las noches, eso es lo que no va porque, sin duda, va a tener un impacto muy negativo en la salud integral de esa persona.”
“El límite de nuestro lado es informar, invitar a la población a que reflexione sobre ésto que parece liviano. Para ellos son sus clientes; para nosotros son nuestros pacientes y nuestros hijos. Por eso el esfuerzo es nuestro, es del adulto, no le podemos exigir a los chicos que tengan un juicio crítico, la responsabilidad es nuestra ", concluye.
“Me parece que está bueno que se ponga sobre la mesa, que seamos críticos y, sobre todo, tomar las riendas de cómo queremos que nuestros niños crezcan más sanos.”
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