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Aprender Salud

Ir a la plaza, mucho más que jugar

¿Porqué es importante llevar a los niños a jugar a lugares abiertos? ¿Cómo estimular y sostener esta vieja costumbre?

¿Porqué es importante llevar a los niños a jugar a lugares abiertos? ¿Cómo influye en su desarrollo físico y social? ¿Cómo estimular y sostener esta vieja costumbre? La palabra de los profesionales y la opinión de la comunidad.

Por el equipo editorial de Aprender Salud. Supervisión: Dra. Cristina Catsicaris, Dpto. De Pediatría.

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Explorar, tocar, correr, resolver problemas, sortear obstáculos, compartir con pares... En una palabra, jugar: “Es la primera ocupación humana, en los niños. Y nuestro trabajo es ayudar a sentar las bases donde se va a montar después el aprendizaje, la educación y formación académica” comienza señalando la Lic. María Olga Segovia, Terapeuta Ocupacional del Servicio de Rehabilitación Pediátrica, a quien entrevistamos, motivados por revalorizar esta costumbre. Pero ¿cómo se relacionan las actividades al aire libre con el desarrollo de estas habilidades?

Jugar en un lugar abierto permite adquirir destrezas y habilidades específicas. Es difícil de imaginar porque es algo naturalizado, en general no valoramos su importancia. Sin embargo, la actividad al aire libre, con distintas alternativas y posibilidades, hace que los niños desarrollen una cantidad de funciones que son útiles para toda la vida. Y, si esta sencilla costumbre no se ejercita lo suficiente, puede ponerse en evidencia en la edad escolar cuando, por ejemplo, su maestro descubre que escribe mal.

Caminar sobre los diferentes terrenos de una plaza (pasto, tierra, piedras, etc.), poder correr, sortear obstáculos, trepar, desarrollará la llamada motricidad gruesa: saltar en dos pies, en uno solo, alternarse. “Otras funciones que se adquieren son la integración bilateral y el planeamiento motor (calcular para agacharse, por ejemplo, para pasar por un túnel o saber como montar una bicicleta). 
La integración de los diferentes estímulos sensoriales y el manejo mayor del ambiente, de los espacios, será diferente a moverse dentro de una habitación”, detalla. 

La plaza ofrece una multiplicidad de recursos para que los chicos aprendan a manejar su cuerpo.

¿Qué hace el niño durante el día? Las rutinas. “Son importantes para la organización del niño: tener horarios preestablecidos para comer, bañarse jugar y, sobre todo, dormir. Y, en este momento de la vida urbana, notamos que los chicos tienen falta de experiencia motora gruesa en su rutina”, señala la Lic. Segovia. 

Jugar también influye en el sueño y en el apetito, el niño que gasta energías va a estar más cansado a la noche,  y tendrá más hambre.

El desafío será incorporar la costumbre de salir un rato todos los días, ya sea a la plaza o a dar la vuelta a la manzana, paseando por los hall de los edificios, subiendo y bajando escalones o rampas, acompañando a los papás a hacer los mandados, etc. 

Las barreras: la falta de tiempo, la inseguridad, las tecnologías. Hoy los padres trabajan muchas horas, está el temor por la inseguridad... Esto hace que los chicos pasen menos tiempo en la plaza. Otro gran temor es a que se lastimen. “A muchos les cuesta dejarlos en el piso, lo tienen siempre a upa: 'él no corre porque se puede caer', 'ella no toca la arena o el pasto porque se va a ensuciar, se puede pinchar', solemos escuchar”.

“Una pregunta que siempre hacemos a los papás es: ¿con qué recursos cuentan? ¿Hay abuelos, tíos, familiares o amigos que los puedan ayudar? Sabemos que los abuelos de hoy también tienen sus ocupaciones y actividades. Habrá que recurrir a los tíos, madrina o padrino, algún amigo o primo grande. Son una muy buena opción.

Y los dispositivos digitales (teléfono, tablet, televisión, videojuegos) forman parte de nuestra vida, los padres tienen la capacidad de regular su tiempo de uso, de modo que no sean una barrera para las actividades al aire libre. 

Para los más chiquitos, los juegos de encastre, enhebrar, trasvasar arena, pasar objetos de un lugar a otro, son también muy importantes para su desarrollo.

Jugar con los hijos, una oportunidad de compartir. Tirarse juntos del tobogán, hamacarse... “Uno le va mostrando que no pasa nada, papá lo hace y se divierte, el otro nene lo hace y le gusta. Vas autorizando, observando qué le gusta más y qué menos. Pero todo a través del juego. Y, cuantos más roles uno le da para que jueguen y protagonicen, más se enriquece la vida”.

¿Qué puede suceder si esto no se entrena? En la escuela, al trabajar con el cuaderno, quienes no hayan desarrollado estas habilidades podrán tener dificultades para expresarse en el plano gráfico. “Muchos de nuestros pacientes vienen de la escuela porque tienen la letra ilegible, son como jeroglíficos, escriben el cuaderno por arriba y abajo del renglón, con letra gigante, o quedan todas las palabras pegadas o 'colgadas'”, explica.

“Para una escritura exitosa los niños deben haber entrenado antes la fuerza de brazos, cintura escapular, alternancia de derecha a izquierda – que es lo que aprenden cuando trepan- también el manejo del cuerpo en el espacio y el sentido de su propio cuerpo. Por eso queremos destacar que todo esto no es algo opcional, es parte del desarrollo sano del chico y es a largo plazo, no se verán los resultados hasta después de un tiempo. Pero no da lo mismo hacerlo que no”, concluye.


Jugar en la plaza: la comunidad opina

Compartimos el testimonio de una mamá, una abuela y una experimentada docente.

    • “La llevo a la plaza, a ella le gusta, pero no muy seguido; trabajo y tengo que hacer malabares para organizarme con los tiempos porque los abuelos viven lejos y no la pueden cuidar. Por suerte en casa tenemos un patio y en el barrio hay parques, verde no le falta.” Ayelén, mamá de Sofía, de 6 años.

    • “¡Los padres no juegan con los hijos! Mi nietos ya son grandes pero -viendo a familiares o en el colectivo- noto que le dan el teléfono y se olvidan, no juegan con ellos! No todos, ojo, pero es lo que percibo.” María, abuela.

    • “Todos los chicos aprenden todo, pero si lo aprenden jugando, mejor. Al entrar al jardín se nota quienes no tienen entrenado su esquema corporal, la escuela refleja todo lo que se no se aprendió en los años anteriores. Se ve en el modo de caminar y correr, de relacionarse con otros, se llevan a otros chicos por delante, no calculan bien la altura a la hora de trepar. Y, con el comienzo de la Primaria, cuando se encuentran con el espacio reducido en la hoja, les cuesta escribir dentro de esos límites, respetar los márgenes o poder agarrar un lápiz, una tijera, recortar con los dedos. El cuerpo es la base de todos los aprendizajes y cuanto mejor lo tengamos entrenado, podremos incorporar otros esquemas a medida que pasen los años.” Liliana, ex directora de escuela y con más de 20 años de experiencia.


El juego libre, la infancia por definición
Por la Dra. Mercedes Bellomo, Dpto. de Pediatría.

El tiempo para el juego libre, no reglado, es una función muy activa para los chicos en cualquier edad. Y en la vorágine de hoy, donde se los llena de actividades (doble escolaridad, clases de fútbol, patín, danza, etc.) es importante que tengan un espacio para jugar libremente. No es lo mismo bailar y cantar en casa, que hacerlo con una profesora que indique como moverse, son actividades diferentes. El juego libre ayuda a procesar las vivencias, elaborar situaciones diferentes, trabajar roles (jugara a la mamá, al papá, etc.), incluso enseña a aburrirse. 

Es que, para iniciar el juego, tiene que haber un aburrimiento, nace del “no sé que hacer” y, a partir de ahí, se estimula la creatividad. Y, aunque siempre es más sencillo darles la tablet, el celular, esa no puede ser nuestra única respuesta como padres, como abuelos, como tíos, ya que estos dispositivos son grandes estimuladores, los dejarán con una carga emocional que luego hay que procesar, “tramitar”.

Es un desafío, implica poner el cuerpo, pensar alternativas que motiven el comienzo del juego e, incluso, sostener ese aburrimiento de los chicos. ¿Lo ponemos en práctica?

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