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"¿Tenemos en cuenta la experiencia de usuario a la hora de diseñar herramientas tecnológicas en salud?"

Desarrollar tecnologías sanitarias implica algo más que precisión algorítmica; se trata de pensar en las personas que la usan, sus contextos, capacidades y necesidades.

 

En los últimos años, las tecnologías digitales aplicadas a la salud han crecido a un ritmo acelerado. Tenemos casos de inteligencia artificial en la práctica clínica, programas de rehabilitación cognitiva, aplicaciones accesibles para mejorar la relación médico-paciente y dispositivos multisensoriales, entre muchas otras herramientas que forman parte de un marco pensado para transformar la calidad de atención. Sin embargo, en toda esta vorágine corresponde preguntarnos: esta tecnología, ¿está diseñada para las personas que realmente la van a usar? Cada algoritmo, cada pantalla y cada flujo de trabajo, ¿tiene en mente su adopción por los usuarios finales? 

María Clara Horn y Juan Manuel Fernández Acuña, residentes de Informática en Salud del Hospital Italiano, esbozaron en dos ateneos bibliográficos una respuesta a la pregunta regente de esta inquietud: ¿qué significa diseñar tecnología verdaderamente centrada en las personas dentro del ecosistema de salud?
 

UX/UI como puente entre la tecnología y el cuidado

Para empezar a pensar este abordaje, entran en juego dos conceptos de otras disciplinas: UX (experiencia de usuario) que analiza cómo las personas interactúan con una interfaz y UI (interfaz de usuario) que busca que esa interacción sea intuitiva y satisfactoria. Las herramientas tecnológicas que no tienen en cuenta estos aspectos tienden a ser rechazadas por problemas de usabilidad, independientemente de su exactitud técnica. 

En el paper “Strategic Considerations for Selecting Artificial Intelligence Solutions for Institutional Integration” se desarrolla la experiencia institucional de Mayo Clinic (Minnesota, Estados Unidos) sobre la integración de inteligencia artificial en su institución, en particular, y en organizaciones de salud en general. A partir de este recorrido, el artículo concluye contundentemente que la incorporación de cualquier herramienta no es solo una decisión tecnológica o económica, sino también una decisión de diseño de UX/UI que determinará si la solución se integra naturalmente en el flujo de trabajo o si se percibe como una herramienta aislada más. 

Por lo tanto, no es lo mismo optar por una point solution (algoritmos diseñados para resolver un problema muy específico dentro de un solo servicio) o una cross-domain solution (herramientas que integran información entre distintas especialidades, permitiendo que los resultados se compartan y complementen entre servicios); la decisión no dependerá solo de las métricas de rendimiento, sino que también debe incluir la experiencia del usuario, la claridad visual del sistema y la facilidad de adopción.

A su vez, el estudio “Initial User-Centred Design of an AI-Based Clinical Decision Support System for Primary Care”, publicado en MedInfo 2023, muestra cómo llevar esta mirada al territorio concreto del diseño. En él, se hace una crónica del proyecto SATURN, un CDSS basado en IA para médicos de atención primaria, que utiliza talleres participativos, prototipos de baja fidelidad y ciclos iterativos de retroalimentación. Cinco médicos trabajaron directamente sobre diez mock-ups que representaban tareas reales de su práctica (carga de información, evaluación de hipótesis diagnósticas, solicitud de estudios y recomendaciones de seguimiento), y de allí surgió que los valores que más se priorizan para la adopción de estas implementaciones son la claridad, la integración y la flexibilidad. Otra vez: la solicitud de los profesionales no fue más complejidad algorítmica, sino mayor comprensión, fluidez y control sobre el sistema. El éxito de la IA depende de cuánto se adapte a la forma de pensar y trabajar de los médicos, no al revés.

 

Accesibilidad, inclusión y discapacidad: otra dimensión de la experiencia del usuario

Si bien el diseño de las herramientas tecnológicas intuitivas y eficientes en salud deben estar pensadas para el paciente promedio, también es menester que contemplen de manera explícita la dimensión de la accesibilidad y las necesidades de las personas con discapacidad, un grupo históricamente excluido por barreras de comunicación o interacción. Incluir criterios de accesibilidad desde el inicio no solo mejora la usabilidad para todas las personas, sino que asegura que las innovaciones digitales no amplíen desigualdades y que habiliten un acceso real, equitativo y universal.

El caso de GRADIOR, un programa informático de evaluación y rehabilitación cognitiva para personas con déficits o deterioros cognitivos, es emblemático en esta materia: su implementación mostró niveles de aceptación significativamente más altos en adultos mayores con deterioro cognitivo leve en comparación con usuarios con esquizofrenia. De esto se deriva que las interfaces deben ser personalizables según la patología, la motivación y las capacidades del usuario, no solo accesibles de manera general.

 

La usabilidad en el centro

Antes de diseñar tecnología hay que pensar en la experiencia del usuario; no alcanza solamente con el imparable desarrollo técnico. Para que las nuevas herramientas del sector salud generen impacto real, deben involucrar a los pacientes y profesionales desde las etapas iniciales, iterar con su feedback, adaptar los sistemas a su forma de trabajar, personalizar según condiciones clínicas o capacidades, y garantizar accesibilidad e interoperabilidad. Estos aspectos no son “extras de diseño”, deben ser tenidos en cuenta desde la raíz.

Cuando la tecnología se diseña desde las personas y para las personas, la inteligencia artificial deja de ser un producto aislado y se convierte en un recurso estratégico para mejorar la calidad de atención, la seguridad del paciente y la equidad en el acceso. El verdadero desafío: humanizar la tecnología.