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Cuatro días, más de seiscientas sesiones y miles de conversaciones en pasillos. Esto es lo que me llevé de la conferencia más grande de salud digital del mundo.
Llegar al Venetian Convention & Expo Center y encontrarse con miles de personas hablando el mismo idioma, el de la salud digital, tiene algo de irrealidad. Pero esta edición del HIMSS fue diferente a las anteriores, la sensación que tuve permanentemente era que algo estaba cambiando de verdad, no en el PowerPoint de un keynote, sino en los sistemas que los hospitales ya tienen funcionando.
La semana en que la inteligencia artificial tuvo nombre propio
Si tuviera que resumir el HIMSS26 en una frase, diría que fue la semana en que la inteligencia artificial (IA) dejó de ser una promesa y empezó a tener nombre propio. Epic presentó a "Art", "Penny" y "Emmie": tres agentes integrados a su historia clínica electrónica que documentan consultas, gestionan cobros y atienden pacientes. Oracle lanzó el suyo para asistir a médicos de 30 especialidades. Amazon directamente puso un agente de salud dentro de su plataforma, al alcance de 200 millones de usuarios Prime.
Lo que más me llamó la atención, aunque se veía venir, fue que los cambios más profundos no estaban en la tecnología sino en el tono de las organizaciones que dejaron atrás las promesas para pasar a mostrar implementaciones reales, resultados medibles y nombres de hospitales concretos.
"La pregunta ya no era si los agentes de IA podían hacer el trabajo. Era quién respondería cuando algo saliera mal".
Sin embargo, también escuché voces incómodas: ¿quién valida estas herramientas? ¿Los pacientes participan en el diseño? ¿Hay evidencia clínica o solo benchmarks técnicos? Preguntas que todavía no tienen respuesta, y que deberíamos hacernos también del lado de acá del continente.
Regulación y ciberseguridad, dos deudas pendientes
Una de las sesiones que más me marcó fue el panel del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos sobre regulación de inteligencia artificial. Escuchar a funcionarios de la FDA, el organismo que regula medicamentos y dispositivos médicos en ese país, reconocer que sus marcos normativos no estaban diseñados para sistemas que se auto-mejoran fue, a la vez, honesto y preocupante. El panorama regulatorio es complejo: la administración federal va en una dirección, los estados van en otra, y los hospitales quedan atrapados en el medio. Me fui pensando en cómo se verá ese mapa desde Argentina o desde Chile.
La ciberseguridad también ocupó un lugar central. Lo que más me perturbó fue el debate sobre los riesgos puertas adentro. El hacker externo casi quedó en segundo plano frente a lo que pueden producir contratistas, empleados o sistemas mal configurados. En un contexto donde los datos de salud son los más valiosos del mercado negro, eso importa. Y lo que se reclamaba con insistencia era apoyo federal concreto, no solo guías y marcos de referencia.
Telesalud, wearables y el paciente que genera datos
A pesar de tanto ruido, la prórroga de dos años para los programas federales de telesalud y la extensión de los modelos de hospitalización domiciliaria hasta 2030 fue una noticia que generó alivio. Para quienes llevamos años escuchando a los sistemas de salud pedir previsibilidad, esto fue música. Vi el demo de GlobalMed con su unidad clínica móvil de campo y pensé inmediatamente en territorios como los de Argentina, Bolivia, Perú, donde la distancia sigue siendo la barrera más dura.
El keynote de la Dra. Sumbul Desai de Apple abrió otro debate: el paciente como productor activo de datos de salud. El Apple Watch ha pasado de ser monitor a una plataforma con potencial diagnóstico. La pregunta que quedó pendiente es cómo integramos esos datos en los sistemas clínicos de manera significativa y segura.
La interoperabilidad sigue siendo una aspiración
Athenahealth presentó con entusiasmo su nuevo punto único de conexión entre sistemas de salud, farmacias y laboratorios. Pero cuando salí de la sesión y hablé con colegas de distintos países, la conclusión compartida fue que la interoperabilidad real, semántica, clínicamente útil, sigue siendo una aspiración más que una realidad cotidiana. En América Latina, donde convivimos con docenas de sistemas legados y una fragmentación institucional enorme, este tema nos toca especialmente de cerca.
Lo que me llevo
Volví de Las Vegas con una sensación ambivalente. Por un lado, el entusiasmo real de ver tecnologías que están mejorando la atención de pacientes. Por el otro, la incomodidad de saber que la velocidad de adopción supera, en muchos casos, la capacidad de validar, gobernar y proteger.
Para los que trabajamos en salud digital en Latinoamérica, HIMSS26 es una vidriera y también una advertencia. La pregunta que me traigo no es si debemos adoptar estas herramientas. Es cómo hacerlo con criterio, con equidad y con los pacientes en el centro. Eso es, en definitiva, lo que distingue la innovación de la moda.
Los temas que definieron el HIMSS26
• IA agéntica: agentes autónomos en documentación, triage y gestión administrativa
• Regulación: marcos normativos que no siguen el ritmo de la innovación
• Validación clínica: déficit en la evaluación rigurosa de herramientas de IA
• Ciberseguridad: riesgo interno y demanda de mayor apoyo institucional
• Telesalud y hospital-at-home: prórroga regulatoria hasta 2026-2030
• Wearables: el paciente como generador activo de datos de salud
• Interoperabilidad: avances técnicos pero desafíos estructurales sin resolver