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"La transformación digital de la salud como política de Estado"

La transformación digital del sistema de salud avanza como una estrategia de gestión que integra tecnología, información y gobernanza. A través de interoperabilidad, inteligencia artificial y datos confiables, el Estado argentino consolida una infraestructura digital al servicio del cuidado de las personas.

 

 

La digitalización del sistema de salud ya no es un horizonte tecnológico, sino una política pública en marcha. En los últimos años, el Ministerio de Salud de la Nación impulsó un proceso de transformación que combina interoperabilidad, inteligencia artificial y gobernanza de datos para fortalecer la rectoría sanitaria, garantizar la continuidad del cuidado y construir un Estado basado en evidencia.

Desde una perspectiva integral, este cambio cultural redefine el modo en que se produce, se comparte y se usa la información en salud. Ya no se trata solo de conectar sistemas, sino de articular actores, niveles de gestión y saberes en un mismo lenguaje digital. La salud digital, en ese sentido, se convierte en el soporte estructural de las políticas públicas, un instrumento para anticipar, integrar y decidir con inteligencia.

 

De la tecnología a la política pública

Durante su exposición en las Jornadas de Informática en Salud del Hospital Italiano, la subsecretaria de Vigilancia Epidemiológica, Información y Estadísticas de Salud, Dra. Susana Azurmendi, retomó esa visión desde un enfoque más técnico y estratégico.

Su presentación, centrada en la Estrategia Nacional de Salud Digital, sintetizó los avances más recientes del Ministerio y la magnitud del desafío: crear una infraestructura digital común, con estándares compartidos, interoperabilidad entre jurisdicciones y una gobernanza transversal que involucra tanto al sector público como al privado.

Desde esta perspectiva, la digitalización de la salud en Argentina no se concibe como un proyecto aislado ni como una política de innovación tecnológica. Se trata de una política sanitaria que apunta a asegurar el derecho al cuidado continuo, con información segura, trazable y accesible en todo el territorio nacional.

Uno de los ejes centrales de esta estrategia es la interoperabilidad, entendida no solo como la capacidad técnica de conectar sistemas, sino como la construcción de una infraestructura federal de información.

“En el Ministerio estamos trabajando la información de manera transversal. Es indispensable dejar atrás los silos aislados: el dato es de todos”, remarcó Azurmendi.

Para ello, el organismo impulsa mesas de trabajo mixtas e intersectoriales, integradas por provincias, hospitales, cámaras empresarias, colegios profesionales, universidades y organizaciones internacionales. El objetivo es construir un lenguaje común que permita dialogar a todos los actores del ecosistema de salud.

El modelo de interoperabilidad se estructura en tres capas: los puntos de atención—donde se genera y utiliza la información (historias clínicas electrónicas, software de farmacia, plataformas de prescripción o de laboratorio)—; la plataforma nacional de interoperabilidad—una “carretera digital” que conecta los distintos sistemas provinciales y privados mediante estándares sintácticos y semánticos compartidos—; y los servicios comunes —registros maestros como REFES (establecimientos de salud), REFAR (farmacias y droguerías), PUCO (coberturas) y el federador de ciudadanos—.


A estos componentes se suma una herramienta clave: el Registro Nacional de Plataformas Digitales en Salud (ReNaPDiS), que permite conocer, validar y registrar los softwares que operan en el país. Hoy ya se han identificado más de 200 sistemas de prescripción electrónica activos, lo que muestra la magnitud y diversidad del ecosistema digital argentino.

“No imaginaba que iba a ser tan complejo y tan diverso el ecosistema de salud como para que la interoperabilidad sea tan necesaria. Por eso la interoperabilidad es tan importante y es fundamental  también ser realista, y hacerla como podemos, gradual, de a poco, definiendo en un trabajo en conjunto”, destacó la subsecretaria.

 

Cero papel: el caso de la receta electrónica

El desarrollo más emblemático de esta etapa de la transformación digital es la implementación nacional de la receta electrónica, resultado de la reglamentación de la Ley 27.553, sancionada en 2020 y reglamentada entre 2024 y 2025.

Este proceso permitió normalizar todos los casos de uso —medicamentos, prácticas, dispositivos médicos, prescripciones magistrales o veterinarias— y avanzar hacia un modelo unificado, seguro y trazable.

“Decimos “cero papel”, aunque sepamos que es un camino gradual porque nuestro trabajo está dirigido hacia la digitalización total”, enfatizó Azurmendi.

La receta electrónica ya es una realidad en todas las provincias, tanto por la adopción directa del sistema nacional como por la implementación de soluciones propias como la de  PAMI, obras sociales y prepagas. En los últimos 18 meses, el número de farmacias que utilizan receta electrónica creció un 91%, y los profesionales prescriptores se multiplicaron.

El Ministerio también trabaja en la siguiente etapa del proceso: la digitalización de las farmacias y de los libros digitales, un paso necesario para eliminar la conversión final al papel y lograr trazabilidad completa en el circuito prescripción-dispensa.

Este cambio no solo simplifica la gestión, sino que abre el acceso a nuevas herramientas desde la web del Ministerio y el portal miArgentina. Ahora las personas pueden consultar medicamentos, verificar precios, validar profesionales y, próximamente, acceder a sus recetas electrónicas en formato digital.

“Todos somos agentes de cambio. El desafío no es tecnológico: es cultural. Implica aprender a hablar el lenguaje de los datos, validar fuentes, reconocer a los profesionales y ejercer un rol activo como ciudadanos digitales”, señaló la funcionaria.

El uso de inteligencia artificial (IA) y analítica avanzada se ha convertido en una herramienta clave dentro del nuevo paradigma de gestión sanitaria. Los tableros interactivos con indicadores inteligentes permiten anticipar escenarios epidemiológicos, optimizar la planificación logística y mejorar la eficiencia en la adquisición de insumos y tratamientos.

A nivel institucional, el Ministerio trabaja en la definición de marcos regulatorios y éticos para el uso de IA en salud, tanto en aplicaciones de gestión como en diagnóstico y tratamiento. Argentina, junto con otros países de la región, colabora con organismos internacionales como OPS y BID para desarrollar lineamientos que promuevan un uso responsable, seguro y centrado en las personas.

El enfoque de esta nueva etapa es claro: poner la salud en manos del ciudadano

En  miArgentina, ya se integran múltiples servicios digitales: credenciales profesionales, registro de vacunación, donación de órganos, cobertura, y próximamente recetas electrónicas, alertas de vacunación y certificados únicos oncopediátricos.

Uno de los desarrollos más esperados es el Index Patient Summary (IPS) o historia clínica sumarizada, que permitirá acceder desde cualquier lugar a la información básica de salud de cada persona —alergias, medicamentos, antecedentes clínicos— y garantizar la continuidad del cuidado incluso fuera de su jurisdicción de residencia.

“Queremos que la salud viaje con el ciudadano. Que esté donde esté, pueda ser atendido con información segura y actualizada”, resumió Azurmendi.

Estas innovaciones se complementan con nuevas integraciones interinstitucionales. El Ministerio trabaja junto con INDEC, ANSES y otras agencias del Estado para unificar codificaciones y sistemas de referencia, fortaleciendo así la calidad, consistencia y gobernanza de los datos públicos.

La transformación digital de la salud no se construye solo con sistemas interoperables, sino con confianza pública y comunicación transparente. Desde el punto de vista de la comunicación institucional, el desafío consiste en traducir la complejidad técnica de la salud digital en narrativas comprensibles, humanas y participativas.

Como en toda política pública, la sostenibilidad de los cambios tecnológicos depende de la apropiación social. La digitalización solo adquiere sentido cuando mejora la experiencia de los usuarios, cuando simplifica trámites, amplía derechos y promueve la equidad en el acceso al cuidado.

En la era de los algoritmos, comunicar cómo se usan los datos es tan importante como los datos mismos. La transparencia, la participación y la alfabetización digital son pilares para construir confianza y garantizar que la tecnología esté al servicio de las personas.

 

Un Estado basado en datos y orientado a las personas

La salud digital avanza en Argentina con una mirada integral: datos interoperables, procesos transparentes, decisiones basadas en evidencia y ciudadanos empoderados. Este enfoque —federal, participativo y sustentable— no solo transforma la gestión sanitaria, sino que redefine la relación entre el Estado y la sociedad.

Los próximos pasos ya están trazados: consolidar la receta electrónica, fortalecer la regulación de IA en salud, expandir los servicios del portal miArgentina y continuar con la adopción gradual de la historia clínica electrónica a nivel nacional.

La digitalización de la salud no se trata de reemplazar papeles por pantallas, sino de conectar personas, instituciones y saberes. Es la oportunidad de construir un sistema más transparente, eficiente y humano, donde cada dato contribuya a cuidar mejor a quienes más lo necesitan.

 

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