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"Un algoritmo de éxito para las empresas"
Dra. Analía Baum

Cómo convertir la innovación en una práctica sistemática, según el expresidente de Tesla

 

La primera jornada de conferencias de HIMSS 2026 abrió con el keynote de Jon McNeill, expresidente de Tesla y actual CEO de DVx Ventures, quien comenzó su presentación con un interrogante dirigido a las organizaciones presentes: ¿cómo innovar y escalar al mismo tiempo?

Bajo el título "Mastering Both Innovation and Scaling", McNeill presentó un enfoque basado en su experiencia en compañías de alto crecimiento. Desglosó un modelo concreto para convertir ideas en resultados sostenibles y planteó la existencia de lo que llamó un "algoritmo del éxito" capaz de orientar a las organizaciones en ese proceso.

Su planteo fue directo. Las organizaciones no se transforman por incorporar herramientas nuevas, sino por desarrollar la disciplina de revisar sus propias complejidades, desafiar requerimientos heredados y rediseñar procesos desde el valor real que entregan a las personas. Lejos de presentar la innovación como un acto de inspiración excepcional, McNeill la describió como una práctica sistemática. En Tesla, explicó, no existía una reserva de innovadores ni un equipo separado encargado de pensar el cambio. La premisa era más exigente: toda la organización debía innovar, siguiendo una lógica rigurosa.

 

La arquitectura del crecimiento organizacional

El primer paso, insistió, es simplificar. Los sistemas complejos suelen ser menos una condición necesaria que una consecuencia, ya que generalmente responden a la acumulación de decisiones, formularios, validaciones y capas de proceso que nadie volvió a cuestionar. En sectores como salud, donde conviven exigencias regulatorias, circuitos asistenciales y múltiples sistemas de información, esta observación resulta particularmente potente.

Otro de sus mensajes centrales fue que la innovación no debería definirse como una ambición tecnológica abstracta. Implementar una tecnología, digitalizar o automatizar no son puntos de partida válidos. El punto de partida es identificar un problema concreto y traducirlo en métricas claras: reducir tiempos de espera, disminuir la carga administrativa, mejorar la continuidad del cuidado, bajar fricciones. Primero el problema, después la herramienta. En esa lógica, McNeill propuso una secuencia de trabajo que implica cuestionar cada requerimiento, eliminar pasos innecesarios, simplificar el proceso, acelerar el ciclo y automatizar al final.

 

Necesitamos personas, no solo tecnologías

La innovación que describió McNeill exige más que alfabetización tecnológica. Requiere profesionales capaces de identificar cuellos de botella, revisar supuestos, formular problemas con claridad, trabajar con métricas y adoptar herramientas con criterio. Su invitación fue concreta: que la innovación deje de ser un discurso aspiracional para convertirse en una práctica repetible y colectiva. Una práctica que, en salud, empieza menos por la fascinación tecnológica que por la pregunta: ¿qué estamos haciendo hoy que se volvió demasiado complejo para el valor que realmente aporta?