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Marcelo D’Agostino presentó los avances y desafíos que enfrenta la región en materia de digitalización sanitaria y qué rol cumple la OPS en este escenario. Interoperabilidad, equidad, inteligencia artificial y la necesidad de que la transformación digital sea una política de salud pública sostenida, centrada en las personas.
La pandemia aceleró como nunca la adopción de tecnologías digitales en el sector de la salud. Sin embargo, pasado el momento crítico, el desafío que perdura es el de convertir esa urgencia en una verdadera transformación sostenida, que no dependa del contexto y que llegue a todas las personas por igual. Marcelo D’Agostino, jefe de la Unidad de Sistemas de Información y Salud Digital del Departamento de Evidencia e Inteligencia para la Acción en Salud de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), disertó sobre este eje en la última edición del Simposio de Informática Oncológica organizado por el Instituto Alexander Fleming. La OPS trabaja con 51 países y territorios del continente, con realidades muy diversas: desde grandes urbes como Buenos Aires o Ciudad de México hasta países caribeños con menos de 40.000 habitantes y grandes territorios rurales donde la conectividad no existe. “La salud digital ya no puede ser un tema secundario. La pandemia demostró que la infraestructura digital es crítica para la continuidad del cuidado, así como para lograr sistemas de salud más resilientes. El desafío es sostener el impulso sin esperar otra crisis global”, indicó D’Agostino.
Interoperabilidad, conectividad y equidad
Uno de los grandes problemas estructurales de la región es el bajo nivel de interoperabilidad de los sistemas de información. El especialista detalló que “más del 80% de los países están en los niveles más bajos de adopción de estándares”, lo que implica que, incluso en instituciones muy avanzadas en historia clínica electrónica, la información no fluye entre establecimientos, provincias o países. Además, muchos lugares no cuentan con conectividad universal y, dentro de ellos, gran parte de los centros de salud públicos carecen de un ancho de banda suficiente para ofrecer telesalud de calidad.
La apuesta de la institución es que una persona pueda viajar con su historia clínica electrónica accesible en cualquier lugar del mundo, sin trámites adicionales. Para eso, la OPS impulsa junto al Banco Interamericano de Desarrollo iniciativas de interoperabilidad transfronteriza que requieren estándares comunes, gobernanza compartida y una infraestructura robusta (porque la conversación sobre la interoperabilidad está aparejada necesariamente a la de conectividad).

Además, hay un tercer término que se suma a la ecuación: para la OPS, la transformación digital debe estar íntimamente vinculada con el acceso universal a los servicios de salud. Si las soluciones avanzan solo en instituciones ya desarrolladas, se profundizan las desigualdades. Por eso, uno de los ejes de la organización es promover una salud digital inclusiva, con foco en poblaciones vulnerables o con baja alfabetización digital.
El especialista enumeró ocho grandes líneas de acción acordadas con los Estados miembro:
1. Conectividad universal
2. Plataformas digitales como bienes públicos
3. Inclusión digital centrada en derechos
4. Interoperabilidad
5. Seguridad de la información y protección de datos
6. Integración responsable de inteligencia artificial
7. Formación y participación del sector salud en gobierno digital
8. Rediseño del modelo de atención para aprovechar las tecnologías
Además de sumar paulatinamente herramientas tecnológicas, es necesario repensar cómo se brindan los servicios de salud, la organización de turnos, la definición de cuándo una consulta puede ser virtual, la gestión del cambio cultural y la continuidad del cuidado.
¿Cómo se pueden evitar los sesgos en los datos?
En su exposición, D’Agostino puso sobre la mesa el rol de la inteligencia artificial en la salud en la actualidad y de qué manera impacta en el objetivo de aumentar la equidad. Solo en 2023 se publicaron más de 30.000 artículos científicos sobre IA en salud revisados por pares, lo que introduce el riesgo de que los algoritmos se entrenen con datos incompletos o desbalanceados y reproduzcan discriminaciones históricas.
Un ejemplo: en el libro La mujer invisible: Descubre cómo los datos configuran un mundo hecho por y para los hombres de Caroline Criado Perez se cita un caso en que el algoritmo de una automotriz predecía igual riesgo de daño en accidentes para hombres y mujeres durante las simulaciones; sin embargo, del registro de datos estadísticos se derivaba que en verdad morían más mujeres. Recién cuando se revisó la calibración se descubrió que el modelo había sido entrenado exclusivamente con medidas y contextura masculinas. “Si queremos evitar sesgos étnicos, de género o por grupos poblacionales, necesitamos datos de calidad, desagregados, con variables relevantes para la inclusión”, afirmó el funcionario.
Para eso, la OPS impulsa modelos de acuerdos de intercambio de datos entre sectores como salud, turismo, seguridad, entre otros, que permitan construir una visión más integral de los determinantes de la salud sin vulnerar la privacidad. Además, para contribuir en la formación y la participación activa de la comunidad científica en la formulación de políticas, la institución sostiene hace más de 20 años el Campus Virtual de Salud Pública, que ya cuenta con 3,6 millones de usuarios y ofrece cursos orientados a tomadores de decisión, incluidos módulos sobre telesalud, simulaciones y alfabetización digital.
El paciente en el centro
Hacia el final, D’Agostino citó una frase de Fernán Quirós, actual ministro de Salud del gobierno de la ciudad de Buenos Aires: “Todavía lo menos utilizado en un proceso de transformación digital es el paciente”. Aunque la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, aún falta involucrar a quienes deberían ser protagonistas del cuidado de su propia salud.
Con una diapositiva final que mostraba una sala de atención rural sin conectividad ni electricidad estable, el experto reafirmó su compromiso de adoptar una tecnología justa y equitativa durante este proceso de transformación digital en salud. La OPS apuesta a que la innovación sea una herramienta para garantizar derechos, no para profundizar desigualdades. Los aprendizajes de la pandemia, junto con el desarrollo informático que sobrevino los últimos cinco años, deben tener su correlato en políticas de largo plazo.